Sin embargo, desde la introducción del primer rotor Perpetual en 1931, la autonomía ha conocido un progreso espectacular tomando a su vez una nueva dimensión. Una dimensión profundamente humana. Hemos aprendido que cada usuario tiene su propia energía, única y versátil, que cambia constantemente de ritmo, dirección e intensidad. Al comprender sus matices y variedades infinitas, fuimos capaces de capturarlos y distribuirlos a nuestros calibres con una eficacia máxima, creando así un intercambio perpetuo entre el reloj y el usuario.
