Al volante de su bólido Bluebird y con su siempre fiel Oyster en la muñeca, el bautizado como «The Speed King» («el rey de la velocidad») se encuentra en lo más alto de su carrera y pulveriza por novena vez el récord del mundo de velocidad.
Desde 1930, el piloto lleva puesto un Oyster de Rolex cuya excepcional resistencia a los golpes y las vibraciones elogia en la publicidad de la época.
Tras su última hazaña, telegrafía a Rolex: «El reloj Rolex sigue marcando la hora exacta. Lo llevaba ayer cuando el Bluebird superó las 300 mph. Campbell».