Los nuevos territorios del Explorer

Creado para la exploración

Rolex presenta sus últimas creaciones, fruto de su savoir‑faire único.

Entre ellas, el Explorer y el Explorer II de nueva generación, relojes que nos transportan desde las cumbres de las montañas hasta las regiones polares más recónditas.

El Explorer nació en el Techo del Mundo. Fue elaborado con la colaboración de alpinistas legendarios. Su laboratorio natural: el Himalaya y su punto culminante, el Everest.

Desde entonces, el Explorer no ha dejado de evolucionar para satisfacer de la mejor manera posible las necesidades de los exploradores. Cada vez más sólido. Cada vez más legible. Ha sabido adaptarse a los entornos más extremos, allá donde el control del tiempo es, con frecuencia, una cuestión de supervivencia.

Los relojes de la gama Explorer han conquistado todos los ámbitos de la exploración.

Desde las cimas montañosas a las profundidades terrestres, del frío ártico a los volcanes en erupción. Así es como el Explorer II se ha convertido, gracias a su visualización 24 horas, en el reloj de referencia de los exploradores polares, espeleólogos y vulcanólogos.

El Explorer y el Explorer II de nueva generación se enmarcan en esa perpetua búsqueda de la mejora, ese afán permanente por la excelencia. Sin ceder ni un ápice en términos de rendimiento, elemento esencial de la gama, también saben ser elegantes.

Así, el Oyster Perpetual Explorer se presenta en versión Rolesor amarillo. Combinación de acero Oystersteel y oro de 18 quilates, el Rolesor, auténtico sello distintivo de Rolex, materializa de maravilla esta alianza entre fuerza y elegancia.

En cuanto al acero Oystersteel —aleación única de robustez incomparable y claridad sin igual—, sigue siendo un elemento fundamental de la caja y el brazalete de los modelos Explorer. Inoxidable, concebido para las condiciones más extremas, contribuye a hacer del Oyster Perpetual Explorer II la herramienta imprescindible para cualquier explorador.

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