En el transcurso de esta historia en común nació el Explorer, en 1953, tras el ascenso del Everest por parte de sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay. 

Posteriormente el Explorer II, presentado en 1971, se impuso en el mundo de la exploración gracias a sus funciones y su resistencia a las condiciones más extremas. Se convirtió en el reloj de exploradores polares, espeleólogos, vulcanólogos. En la muñeca de mujeres y hombres excepcionales, estos dos relojes siguen recorriendo el planeta a día de hoy, a fin de comprender mejor el planeta y dar con soluciones para protegerlo.

A lo largo del siglo pasado, la exploración tuvo tres objetivos sucesivos: descubrir los confines del mundo, rebasar los límites de la resistencia humana y observar el planeta con el fin de preservarlo. Rolex ha acompañado en sus gestas más audaces a los exploradores que se han enfrentado a estos tres retos.

Descubrimiento

La coronación del Everest por sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay en 1953 fue un acontecimiento mundial. Rolex formó parte de él al equipar a la expedición con relojes Oyster Perpetual.

Ese mismo año, tras el logro de los dos alpinistas, se lanzó el Explorer. Esta creación fue el fruto de un largo recorrido común iniciado ya en la década de 1930, cuando Rolex comenzó a equipar con sus relojes a expediciones sucesivas al Himalaya con el fin de observar su comportamiento en las condiciones extremas que reinan en grandes altitudes. Al regreso de cada una de estas expediciones, los comentarios de los alpinistas permitían mejorar el rendimiento de los futuros relojes Rolex. Así, al igual que el movimiento se alimenta de los movimientos del usuario, la técnica relojera progresó gracias a las hazañas de los exploradores, con el fin de suponer un apoyo cada vez mayor en los retos que nos han permitido descubrir el planeta hasta los confines más recónditos. 

Los primeros en el Techo del Mundo

El Everest representa el desafío supremo para un alpinista. En mayo de 1953, dos hombres, miembros de una expedición británica, lograron la proeza de alcanzar la mítica cumbre. Esta aventura, de la que Rolex formó parte, tendrá una repercusión mundial.

Cada día transcurrido en el Everest es pura supervivencia. El cuerpo se ve constantemente atormentado por el frío, la falta de oxígeno, la presión ejercida por las inclemencias. En estas condiciones extremas, dos hombres de coraje y voluntad excepcionales se convertirían en los primeros en poner un pie en el Techo del Mundo, el 29 de mayo de 1953, a 8848 metros de altitud. Para los miembros de su expedición, ellos representaban la última esperanza de protagonizar esta primicia, dado que el monzón podía llegar de un momento a otro con sus tormentas de nieve. Movidos por una voluntad y un tesón extraordinarios, el neozelandés sir Edmund Hillary, apicultor y alpinista experimentado, y Tenzing Norgay, sherpa de origen nepalí, dejaron así su huella en la historia del siglo XX al llegar allá donde muchos otros lo habían intentado y fracasado hasta entonces.

Liderada por el coronel sir John Hunt, la expedición se llevó a cabo bajo el auspicio del Himalayan Committee, una entidad británica específicamente creada para supervisar expediciones en el macizo alpino y cofundada por la Royal Geographical Society y el Alpine Club británico. En total, el equipo constaba de dieciséis miembros. Pero las limitaciones logísticas de semejante aventura implican tener que recurrir a cientos de porteadores para transportar las toneladas de material imprescindible a lo largo de todo el recorrido.

Dispuesto en decenas de paquetes minuciosamente catalogados, un equipo de alta tecnología espera a que llegue el momento de ser utilizado. Desde calzado especialmente diseñado a tiendas de campaña puestas a prueba en túneles de viento; nada falta para optimizar al máximo las posibilidades de éxito de esta nueva tentativa. Rolex también participará en la aventura, ya que relojes Oyster Perpetual forman parte del material transportado.

«Los relojes Oyster Perpetual de Rolex con los que iban equipados algunos miembros de la expedición británica han demostrado una vez más su fiabilidad en el Everest», escribirá sir John Hunt a su regreso. «Estamos muy satisfechos con la total precisión con la que indican la hora. Esta cualidad ha permitido garantizar la sincronización de la hora entre los distintos miembros del equipo. […] Funcionaron de maravilla y pasamos a considerarlos una parte importante del equipo de alta montaña». 

El Himalaya como banco de pruebas 

Las condiciones en alta montaña constituyen un excelente entorno para evaluar la fiabilidad y robustez de un reloj. Para Rolex, el Himalaya ha representado un laboratorio a cielo abierto a su elección. 

Durante la primera mitad del siglo XX, el Himalaya y sus picos inexplorados suscitan el interés de las naciones y fascinan a alpinistas de todo el mundo. En particular el Everest, ese coloso que reina sobre la mítica cadena montañosa, despierta auténticas pasiones. Esa atracción internacional por las cimas más altas unida a la posibilidad de poner a prueba sus relojes en un entorno real llevará a Rolex a asociarse con numerosos grupos de alpinistas pioneros. En total, entre 1933 y 1955, al menos 17 expediciones dispuestas a conquistar las cumbres más altas iban equipadas con relojes de la marca.

Estos relojes han sido testigos de varios ascensos en primicia, comenzando por el Everest en 1953 —la cima más alta del mundo, que culmina en 8848 metros de altitud—; el K2 en 1954, segunda cumbre más alta del mundo, a 8611 metros; el Kangchenjunga en 1955, tercer pico más alto del mundo, a 8586 metros; y el Makalu ese mismo año, quinta montaña más alta del mundo, a 8485 metros. 

Una suiza pionera en el Himalaya

Annelies Lohner fue la artífice de una expedición suiza excepcional a la cordillera con las montañas más altas del mundo. Relojes Oyster Perpetual de Rolex formaban parte de la equipación de los alpinistas.

Originaria de Grindenwald, ciudad de los Alpes berneses pegada a la célebre Jungfrau, la joven y talentosa alpinista Annelies Lohner hace gala de un carácter poco habitual cuando propone formar la primera expedición suiza de posguerra al Himalaya. Apasionada de la aventura y pionera en la conquista de cumbres de gran altitud, logra convencer a la Fundación Suiza para la Investigación Alpina de los beneficios de una expedición al Grupo Gangotri, que forma parte de la cordillera de Garhwal-Himal, al norte de la India.

Emprenderá, durante cinco meses —de mayo a septiembre de 1947— el ascenso inicial escalando por turnos el Kedarnath, el Satopanth, el Kalindi Peak —por la cara nordeste—, el Balbala y el Nanda Ghunti, sin olvidar un reconocimiento de la cordillera de Chaukhamba, montañas cuyas cumbres superan los 6000 e incluso 7000 metros de altitud.

Para respaldarlos en su proyecto, Rolex confía a cada uno de los cinco miembros de la expedición un Oyster Perpetual que no se quitarán de la muñeca durante toda la expedición. Estos relojes les acompañarán en toda actividad cotidiana y se enfrentarán a condiciones extremas sin fallar ni una sola vez. A su regreso, cada uno de los alpinistas darán fe de su hermeticidad al agua, su precisión y la comodidad de uso derivada del sistema de cuerda automática del movimiento por rotor Perpetual. «Los relojes Rolex que todos llevamos en el brazo tienen una regularidad asombrosa. Nos prestan un gran servicio y supone un inmenso placer para nosotros llevarlos. El hecho de que no sea necesario darles cuerda es especialmente destacable», escribirá André Roch, guía de la expedición, desde el campamento base del Gangotri el 7 de julio de 1947.

Durante la feria de relojería que sigue al regreso de los cinco alpinistas, en 1948, Rolex dispone una vitrina específica en la que muestra algunos de los picos escalados y exhibe relojes que han formado parte de la aventura.

Hermeticidad en aguas heladas

Revolucionaria por ser perfectamente hermética, la caja Oyster de Rolex fue puesta a prueba unos años después de su lanzamiento por un famoso explorador durante una expedición a Groenlandia.

El polvo y, sobre todo, la humedad, pueden causar daños irreversibles en el interior de un reloj y comprometer su misión de dar la hora. Por este motivo Rolex desarrolló la caja Oyster a iniciativa de su fundador Hans Wilsdorf, quien estaba convencido de la necesidad de tal invento. Perfectamente hermética, se patenta en 1926. Para asegurarse de su hermeticidad en cualquier situación, Rolex confía con regularidad relojes con caja Oyster a exploradores y exploradoras que los ponen a prueba en condiciones reales. El explorador polar Henry Georges «Gino» Watkins llevará consigo varios ejemplares de Oyster Perpetual durante una expedición a lo largo de las costas de Groenlandia entre 1930 y 1931. A su regreso, comparte con Rolex su admiración por estos relojes que se han visto sumergidos en reiteradas ocasiones durante su periplo y han continuado funcionando a la perfección a pesar de todo.

La historia
continúa…

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