Rolex acompañó a Erling Kagge en su conquista de los tres polos, con una travesía de la Antártida en solitario y sin asistencia como colofón; al alpinista Ed Viesturs, que escaló los catorce picos de más de 8000 metros sin suministro de oxígeno; al aventurero Rune Gjeldnes, que fue el primero en atravesar el océano Ártico sin reaprovisionamiento; a la médica Christine Janin, primera mujer que llegó al Polo Norte sin asistencia ni trineo de perros antes de escalar una tras otra las cumbres más altas de cada continente. Todas estas personas llegaron muy lejos en términos de superación y abrieron nuevos horizontes al rebasar los límites de la resistencia humana.

A la conquista de los tres polos

Erling Kagge

Al noruego Erling Kagge le apasionan los desafíos extremos. Consiguió la triple hazaña de ser el primero en lograr el «reto de los tres polos», al alcanzar el Polo Norte, el Polo Sur y la cumbre del Everest. Una proeza excepcional que lo obligó a sacar lo mejor de lo más profundo de sí mismo.

Sin perros para tirar de los trineos. Sin asistencia aérea para el aprovisionamiento de víveres durante la expedición. Sin medio alguno de transporte salvo el cuerpo humano. Por las mañanas tienes que salir del saco de dormir a –54 °C. «Era imposible. Pero si alguien tenía una posibilidad de conseguirlo, éramos nosotros». Con estas palabras Erling Kagge describía su hazaña en compañía de Børge Ousland, otro aventurero de lo imposible. En marzo de 1990, fueron los primeros en llegar al polo Norte haciendo esquí sin ayuda exterior alguna. Tenían una única idea fija: lograrlo por sus propios medios, con valentía, determinación y voluntad.

Dos años más tarde volvió a la carga, esta vez en el polo Sur, y solo. En 1992‑1993, el explorador es el primero en conquistar este otro extremo del globo, en solitario y sin asistencia. Más de 1300 km de distancia recorridos, más de cincuenta días a solas, sin pronunciar palabra. Erling Kagge no mantuvo contacto alguno con el mundo exterior, y luchó sin descanso contra el frío, el hambre y el cansancio. Una gesta que le valdrá los honores de aparecer en la portada de la revista TIME en 1993.

Al año siguiente, el noruego se embarca en un nuevo desafío que concluye con éxito: de nuevo sin ayuda exterior, alcanza la cumbre del Everest. Pasa así a formar parte de la historia al convertirse en el primer hombre que logra el «reto de los tres polos»: llegar al Polo Norte, al Polo Sur y a la cumbre del Everest.

Para conseguir tales hazañas, Erling Kagge se ha pasado la vida superando sus propios límites. Su filosofía se basa en un incesante optimismo, el gusto por el esfuerzo constante, la voluntad de alcanzar sus sueños cueste lo que cueste y la capacidad de mantener a raya los defectos propios y las barreras para llegar a superarlos. 

Con su recorrido, este aventurero de lo extremo es un hombre que causa inevitable admiración por esa facultad del ser humano para buscar en lo más profundo de sí mismo y sobresalir, sean cuales sean los medios y las condiciones. Ha surcado el planeta conquistando sus victorias paso a paso con constancia y tenacidad. Y Erling Kagge no solo es el autor de una triple gesta deportiva; es también, y ante todo, un filósofo que reivindica la felicidad y repite sin descanso: «Necesitamos desafíos, dificultades, para ser felices».

Erling Kagge en el polo Sur

La gestión del tiempo en la montaña

Ed Viesturs

Ed Viesturs ha coronado todas las cumbres de más de 8000 metros sin oxígeno. Su reloj y algunas normas esenciales en la forma de abordar el tiempo durante sus ascensos le han ayudado a lograr sus proezas. 

Con una mirada tan clara y límpida como sus pensamientos, Ed Viesturs, avezado alpinista y Testimonial Rolex, ha logrado la hazaña de escalar los catorce ochomiles sin oxígeno suplementario. Para él, el reloj de pulsera es un elemento esencial de su equipación, ya que contribuye de forma significativa al éxito y a la seguridad de un ascenso.

«La gestión del tiempo en la montaña influye directamente en las probabilidades de éxito, incluso de supervivencia, especialmente la jornada del ascenso final», explica Ed Viesturs. «Cada media hora cuenta. Lo más importante es saber a qué hora debo estar de vuelta en el campamento más alto tras haber llegado a la cumbre. Toda la planificación de la jornada depende de esa hora de regreso. A partir de ella puedo deducir la hora de salida, ya que partir temprano, cuando la temperatura todavía es baja, permite aprovechar unas condiciones de seguridad óptimas y disponer de tiempo de reserva para resolver cualquier imprevisto o compensar algún retraso. El descenso constituye un segundo reto. Yo me he impuesto la norma de iniciar el descenso a las 14 horas como muy tarde, sin importar que haya logrado mi objetivo o no. Efectuar este camino de vuelta con suficiente luz natural y energía es el escenario ideal. Ha habido alpinistas que se han tenido que enfrentar a situaciones peligrosas y hasta fatales por haber tardado demasiado en dar media vuelta. Y es que la oscuridad, el frío, el agotamiento e incluso la falta de oxígeno se convierten en factores críticos».

Durante cada uno de sus ascensos, Ed Viesturs lleva el mismo Explorer II, un modelo con esfera blanca que recibió en 1994. «Nunca me ha fallado y posee todas las cualidades necesarias para el alpinismo; se le da cuerda automáticamente, es robusto y las agujas se leen con facilidad sobre la esfera, incluso con poca luz. La solidez del cristal supone también una ventaja, ya que no es raro que choque contra un trozo de roca o de hielo durante el ascenso. Creo firmemente que se trata de la pieza más importante de mi equipo. En cualquier expedición, lo consulto siempre con regularidad. Mi reloj, y la hora que indica, garantizan mi seguridad». 

La noción del tiempo en los polos

Rune Gjeldnes

Rune Gjeldnes cuenta con varios logros inéditos como explorador en su haber. En el entorno polar, su reloj marca sus jornadas, en las que cada minuto importa.

En la blanca inmensidad de los polos, cuando el sol jamás se pone, el tiempo se convierte en relativo. Un reloj resulta entonces una herramienta indispensable para permitir al explorador estructurar sus jornadas y continuar su progresión de manera regular y coordinada. Entre otros logros, Rune Gjeldnes fue el primer hombre que atravesó Groenlandia de punta a punta, el océano Ártico y la Antártida —durante una expedición denominada «La marcha más larga» y patrocinada por Rolex— todo ello esquiando y sin asistencia. Durante sus expediciones polares, su Explorer II le permite lo más importante: seguir una rutina indispensable.

«Durante una expedición, la noción del tiempo es completamente relativa. Durante el primer mes, se mantiene el hábito de contar los días. Luego uno se concentra en el objetivo que quiere conseguir sin preocuparse ya del día que es. Por otro lado, el tiempo dicta toda la organización de la jornada: levantarse a la hora que corresponde, empaquetar el material en el tiempo adecuado, seguir el ritmo de progresión más eficaz, a saber, 50 minutos de esquí seguidos de una pausa de 10 minutos… Y, al final del día, hay que saber a qué hora se detiene uno, montar el campamento y comer lo más rápido posible para asegurarse de disponer de suficientes horas de descanso. Durante los primeros catorce días de mi expedición en solitario al polo Norte, toda mi atención se centraba en la gestión del tiempo y las horas dedicadas a avanzar. ¡Esa fue la clave del éxito! Poder contar con una rutina basada en el tiempo es todo un alivio».

Para hacer del tiempo un aliado, se requiere un reloj excelente. «Cada minuto cuenta cuando estás en zonas inhóspitas. Disponer de un reloj preciso es, por tanto, imprescindible. Y como en el caso del Explorer II, la fecha también resulta útil. Porque incluso si pierdes la noción del calendario, siempre es más agradable saber que todavía es día 20 y no 23». 

Rune Gjeldnes en el polo Norte

Límites físicos y mentales en entornos extremos

Christine Janin

El cuerpo humano es capaz de adaptarse a las peores condiciones climáticas siempre que esté debidamente entrenado. La exploradora y médica Christine Janin define las cualidades físicas y mentales necesarias para sobrevivir en las regiones más inhóspitas del globo. 

«A 8000 metros de altitud, a –40 e incluso –50 °C, nos queda alrededor del 10 % de nuestras capacidades físicas», explica Christine Janin, alpinista, exploradora polar y médica que fue Testimonial Rolex del 2001 al 2006. Además, el peligro permanente provoca una mezcla de estrés físico y psicológico. «El alpinismo a gran altura, al igual que la exploración polar, implica por tanto un entrenamiento adecuado y una naturaleza optimista, valerosa y tenaz». Las mujeres y hombres que logran llegar a los extremos geográficos de la Tierra conforman, sin duda, un grupo aparte con una resistencia física y unas capacidades de aguante excepcionales.

«La clave del éxito para un ascenso o una expedición es partir de una muy buena forma física. Para ello hay que entrenar muy duro y la preparación comienza varios años antes de su inicio, para acumular experiencia y adaptar el cuerpo a las condiciones a las que se va a ver sometido».

Y es que los peligros son muy numerosos: el frío extremo, los vientos violentos y la ausencia de servicios de emergencia en las proximidades son condiciones que se dan tanto en el medio alpino como en el polar. En la montaña, debido al descenso de los niveles de oxígeno en el aire, se añade el mal agudo de montaña y un estado de ánimo negativo. En ocasiones, los alpinistas pueden cometer el peligroso error de empecinarse en alcanzar la cumbre a toda costa. La única salida de emergencia se encuentra en la autodisciplina y el autocontrol que caracterizan a un deportista. «Garantizar la supervivencia se reduce, en última instancia, a la confianza en uno mismo, el conocimiento de las capacidades y los límites propios, el estado físico y la facultad de renunciar en cualquier momento de la aventura tras un análisis lúcido de la situación de riesgo en la que uno se encuentre», añade Christine Janin. 

En estos entornos en los que cualquier gesto ha de ser calculado y donde el tiempo corre incesante, estas mujeres y hombres luchan permanentemente por mantener su equilibrio tanto físico como psíquico. Estos increíbles esfuerzos se realizan con un solo objetivo: superarse. «Una cumbre se conquista metro a metro, inspirando y espirando. En este empeño, se descubren cualidades que ni siquiera sospechábamos y que nos permiten llegar hasta el final. Entonces se siente la inmensa alegría de comprender que podemos enfrentarnos al peligro y superar los desafíos que la naturaleza nos impone». 

Christine Janin exploración

La historia
continúa…

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