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Tom Kristensen

Cada Rolex tiene una historia que contar

El piloto de resistencia Tom Kristensen nació en una pequeña ciudad de Dinamarca y creció en la estación de servicio de su padre, también piloto de carreras. Este legado allanó el camino de su propio destino. Kristensen inició su trayectoria deportiva en Japón, y en 1997 recibió una invitación para participar en la legendaria 24 Heures du Mans cuatro días antes de que la carrera tuviera lugar. Y no solo la ganó, sino que batió un récord. En el 2000, después de dos años desafortunados, Kristensen volvió a ganar las 24 Heures du Mans en la que sería la primera de cinco victorias consecutivas, todo un hito en la historia del automovilismo. Para celebrar aquel momento inolvidable, adquirió su Rolex Cosmograph Daytona, el «reloj para pilotos de carreras por excelencia».

Every Rolex Tells a Story - Tom Kristensen

«Si los sueños son lo bastante grandes y te encanta lo que haces, todo tiende a salir bien».

La primera vez que recuerdo haber visto una carrera, yo iba en una sillita de paseo empujada por mi madre y mi padre estaba compitiendo. Cuando empecé a conducir, quedé fascinado inmediatamente. Recuerdo muy bien los primeros metros que hice en un karting. La libertad, la intensidad, la concentración... Pero pronto vi que aquello iba de desafiar los límites y jugar con ellos.  

Cuando participé en mis primeras 24 Heures du Mans en 1997, sentí un chorro de vibraciones positivas, nerviosismo y adrenalina. Creo que fue una combinación perfecta. Cuando era pequeño, ni siquiera podía soñar con esa carrera. Quedaba demasiado lejos de aquella sencilla estación de servicio en la que yo iba arriba y abajo con mi cochecito. Pero si los sueños son lo bastante grandes y te encanta lo que haces, todo tiende a salir bien.

Después de la victoria en 1997 tuve dos malos años. En la carrera del 99 llevaba la ventaja más grande que jamás he tenido en Le Mans (casi cuatro vueltas), pero el coche se averió. Fue la mayor decepción de mi carrera. Pero, si te caes, tienes que volver a levantarte. Ganar una vez en Le Mans está muy bien, pero hacerlo por segunda vez fue importantísimo para mí. Me hizo madurar. Siempre he sido competitivo por naturaleza, pero nunca había sentido tanta sed de victoria, de revancha. Ganar en el 2000 fue increíblemente decisivo para mí, y marcó el inicio de una serie de seis triunfos seguidos.

La gente me pregunta: ¿Qué es mejor, las 24 horas de conducción o ganar en Le Mans? Yo puedo decir que, si no disfrutas de cada momento de las 24 horas y de toda la preparación que suponen, nunca vas a ganar. Estoy seguro de que la gente con la que trabajé en Le Mans (compañeros de equipo, mecánicos, ingenieros) aprendieron la lección de que si dedicas mucho esfuerzo y energía a algo y eres persistente, todo irá por buen camino. Es la única forma de sacar algo positivo.

«Ganar en el 2000 fue increíblemente decisivo para mí, y marcó el inicio de una serie de seis triunfos seguidos».

Algunas cosas pueden parecer inalcanzables, pero cuando suceden, las aprecias de verdad y no quieres dejarlas ir. Aquella segunda victoria después de dos años de fracasos merecía una celebración. Quería aferrarme al momento y conservarlo para siempre. Decidí premiarme a mí mismo con el reloj para pilotos de carreras por excelencia, el Rolex Daytona.

Reloj Rolex de Tom Kristensen

Yo vengo de una familia humilde, y gastarme mis ahorros en un Rolex Daytona fue algo muy significativo. Ganar un reloj en una competición puede ser una sorpresa agradable, pero la verdadera recompensa es comprarte tu propio reloj.

«Decidí premiarme a mí mismo con el reloj para pilotos de carreras por excelencia, el Rolex Daytona».

Mi Rolex Daytona está grabado con el año 2000. Me transporta a aquella carrera y a lo que este reloj representa: el máximo rendimiento, una camaradería única, un momento muy especial en mi vida.