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Juan Diego Flórez

Cada Rolex tiene una historia que contar

Juan Diego Flórez es uno de los cantantes de ópera más aclamados y queridos de su generación. Las principales óperas del mundo eligen al tenor por su virtuosismo y su expresivo y fluido canto. Flórez empezó cantando y tocando folk peruano y música pop a una edad temprana, pero su formación y la belleza natural de su voz le llevaron, en seguida, a la ópera. Compró su primer Rolex en lo más alto de su carrera y le ha traído mucha suerte y algunas sorpresas en el camino.

Every Rolex Tells a Story — Juan Diego Flórez

«Un reloj es una posesión muy emocional y personal, porque experimentas muchos momentos solos con él».

En 2003, me pasaron muchas cosas buenas y mi Rolex ha sido testigo de todas. Acababa de cumplir los 30, cantaba óperas excepcionales y tenía mucho éxito en mi vida profesional. Pocos días después de comprar este reloj, conocí a mi esposa Julia mientras firmaba autógrafos tras una actuación de La Sonnambula en Viena. Desde aquel momento empezamos a viajar juntos por el mundo.

Llegamos a Nueva York en 2011 porque tenía que actuar en una exigente ópera de Rossini titulada Le Compte Ory en la Metropolitan Opera que iba a ser emitida en los cines para millones de personas en todo el mundo. Por aquel entonces, mi esposa Julia estaba embarazada de ocho meses. Unos días antes, recuerdo acercarme al vientre de mi esposa y decirle a mi hijo: «por favor, nace el día que quieras, pero que no sea el 9 de abril», porque la representación principal de ese día comenzaba a las 13 h.

Reloj Rolex de Juan Diego Flórez

El 8 de abril a las 23 h, Julia empezó a tener contracciones. Habíamos planeado un parto en casa, en un apartamento que habíamos alquilado en Nueva York, así que a las seis de la mañana llamé a la comadrona para que viniera, porque las contracciones eran cada vez más seguidas. Apagamos todos los teléfonos que había en el apartamento, para que mi esposa estuviera tranquila y se concentrara en el parto. Mi Rolex jugó un papel muy importante durante el nacimiento, pues era mi único aliado para marcar la hora. Hizo el seguimiento de todo: el nacimiento de mi hijo y la representación al mismo tiempo. Miraba en todo momento mi reloj y pensaba: «tengo tiempo». El reloj era mis ojos. Fue mi amigo, mi amigo secreto. Estaba muy tranquilo, pero también en estado de alerta.

«El reloj era mis ojos. Fue mi amigo, mi amigo secreto. Estaba muy tranquilo, pero también en estado de alerta».

A las 12:26 exactas, nació Leandro y después de estar diez minutos con él dije: «Debo irme, ¡tengo que cantar!». Corrí hasta la ópera, mirando constantemente la hora en mi Rolex. Cuando llegué a la Metropolitan Opera, exactamente 13 minutos antes de la representación, escuché al tenor sustituto calentando, porque nadie me había podido contactar. Estaba tan contento que grité: «¡Soy padre! ¡Mi hijo ha nacido!» Incluso la presentadora me escuchó y lo anunció a la audiencia, a espectadores de todo el mundo que estaban viendo la emisión. Así fue como mi familia en Perú y mis amigos en Europa se enteraron, viendo la emisión en el cine. Al final, creo que empezamos cinco minutos tarde y, a pesar de no haber dormido nada la noche anterior, fue una de mis mejores actuaciones, porque radiaba felicidad y adrenalina. Ese día todo llegó al mismo tiempo: cantar, la ópera, el nacimiento y la emisión. Es un recuerdo especial que guardaré toda mi vida.

«Ese día todo llegó al mismo tiempo: cantar, la ópera, el nacimiento y la emisión. Es un recuerdo especial que guardaré toda mi vida».

Mi percepción del tiempo ha cambiado desde que tengo hijos. Ahora, no hay nada más importante que mi familia, son el centro de mi vida. Planeo mi calendario pensando en ellos: cuándo los veré o los eventos que no me puedo perder. Mis prioridades han cambiado, estoy mucho más relajado y mi Rolex siempre me lo recuerda. Un reloj es una posesión muy emocional y personal, porque experimentas muchos momentos solos con él, no solo profesionales, sino también personales. Creo que por eso un reloj se convierte en una parte más de ti. Cuando miro a mi Rolex, veo el día en que conocí a mi esposa y el momento en que mi hijo Leandro nació, pero también veo las emotivas actuaciones y recitales, las vacaciones con mi familia y las grandes amistades. Veo felicidad.