La amplia paleta de colores propuesta por Rolex para las esferas de sus relojes debe su éxito a tres parámetros que la marca domina de forma interna y se combinan hábilmente entre sí: física avanzada, química pura y un excepcional sentido de la estética.

Nos encontramos en Ginebra, en el interior de un laboratorio Rolex. Sobre las hojas de metal con forma de tarjeta de invitación, los toques de color llaman irresistiblemente la atención. El contraste con los rigurosos blanco y gris de las instalaciones es asombroso. Sin duda, un nuevo tono de esfera de reloj está empezando a tomar forma para unirse a la multitud de tonalidades ya existentes.

Tras la búsqueda de nuevos coloridos, a menudo, se encuentra el técnico con su espátula y sus tubos de pintura. No obstante, las muestras de color reunidas en este laboratorio no son más que la manifestación externa de un savoir-faire y de una ciencia que ha de ser exacta. Se trata de dominar no solamente los últimos avances en materia de física y química de las superficies, sino también toda una serie de especialidades a mayores, entre ellas, y cada vez con más presencia, la tecnología espacial. Se requiere igualmente un marcado sentido de la creatividad, un dominio de la paleta de colores y un ojo agudizado. Y es este ojo el que, en última instancia, decidirá qué color podrá vestir una esfera Rolex.

Aquí los tintes de las esferas se obtienen aplicando tanto técnicas ancestrales como la ciencia del siglo XXI, desde el esmaltado tradicional al más fino de los lacados, pasando por técnicas de coloración de la esfera mediante galvanoplastia o depósito, a través de un plasma o de haces de electrones, de capas de ínfimo espesor. De esta alquimia nace un inmenso abanico de matices. Los diferentes procedimientos utilizados, unos más complejos que otros, confieren un acabado incomparable a la arandela de latón que sirve de base para la mayor parte de las esferas de reloj.

Relojería: espátula y color

El lacado permite obtener colores opacos. Utilizado principalmente para el blanco y negro, ofrece una enorme variedad de colorido. La galvanoplastia da vida a los colores metálicos, creados verdaderamente a partir de metales. Las técnicas PVD (Physical Vapour Deposition, depósito físico de vapor), aún más sofisticadas, consisten en depositar una película de moléculas de un grosor infinitesimal sobre la arandela de la esfera. Este procedimiento es el que garantiza la obtención de un color marcadamente intenso y profundo. Un barniz final o un tratamiento de superficie —un fino granallado, por ejemplo— añaden, según el caso, un aspecto mate, brillante o cualquier otro efecto que modifica sutilmente la textura y acabado de la esfera.

Relojería: esfera azul

Variedad infinita

Técnicamente hablando, Rolex es capaz de producir una infinita variedad de esferas de colores, sin contar las que son incluso más sofisticadas, ya sean con motivos decorativos, de nácar, meteorito o en oro macroestructurado. Con gran frecuencia, solamente un químico cualificado o un físico sabrán qué medio utilizar para dar con el color que se corresponde con el deseo de los diseñadores. Y con gran frecuencia también, la búsqueda del mismo y las pruebas en laboratorio requieren al menos tres meses de dedicación.

En algunos casos, sin duda excepcionales, los alquimistas del color llegan a pasar hasta años tratando de encontrar el tono exacto al que aspiran. También sucede que determinados colores varían en función de las modas y tendencias. Así, en las décadas de 1980 y 1990 la esfera color champagne —un clásico— cambió de tono en diversas ocasiones, volviéndose más cálido, más rosado y, finalmente, de nuevo más sutil. El azul glaciar, otro color característico de Rolex, también ha evolucionado con el paso de los años. Para los magos del color, el mayor desafío reside, sin duda, en transformar el sueño en realidad. Partiendo de una solicitud inicial del Departamento de Creación, el reto consiste en hallar, entre la multitud de tonos que se pueden obtener mediante los tres métodos básicos de coloración de esferas, el que coincida exactamente con el deseo expresado. La ciencia abre tales horizontes que la búsqueda de un nuevo color a veces desemboca en nuevos tonos técnicamente realizables gracias a los últimos avances de las técnicas PVD. Los desarrolladores presentan entonces sus hallazgos tras un análisis minucioso: ¿el color cambia una vez que el reloj se pone en la muñeca? Una vez colocado, ¿el cristal de zafiro modifica el tinte, aunque sea imperceptiblemente? Nada se deja a merced del azar.

Relojería: esfera Day-date

Lacado opaco

Opaca y colorida, la laca ofrece una enorme libertad de elección de colores y confiere a la esfera una hermosa intensidad, así como un acabado muy liso. Aunque los colores de base son los del muestrario universal Pantone, Rolex crea sus propios tonos y los cataloga cuidadosamente, de forma que en todo momento se puedan reproducir de forma idéntica. El lacado sigue siendo el único modo de lograr una esfera del blanco más puro. La mayor parte de las esferas negras, especialmente del Submariner, se obtienen también mediante el lacado.

Relojería: esfera malaquita

Galvanoplastia

Antaño considerada como la más noble técnica de deposición, la galvanoplastia se utiliza en Europa desde la primera mitad del siglo XIX. En aquella época servía para fabricar objetos de plata y piezas chapadas en oro. En relojería es el método preferido para teñir las esferas con un tono intensamente metálico. Las esferas en tonos gris plata, rodio y rutenio se obtienen de este modo. El revestimiento de plata se usa mayormente como capa base para el acabado tipo rayos de sol, donde el color se añade a la esfera ya preparada. Se da el caso de que un tono —como el color champagne— esté constituido por varios metales, lo cual permite hacerse una idea de hasta qué punto la galvanoplastia puede resultar compleja.

La tonalidad obtenida mediante esta técnica varía en función de numerosísimos parámetros, como la naturaleza de los metales utilizados, la temperatura de los baños galvánicos, el tiempo de inmersión de los esbozos de esfera y la intensidad de la corriente eléctrica durante la electrólisis. Las interacciones entre estos parámetros también tienen su importancia. Comprendemos ahora lo difícil que resulta lograr exactamente el matiz deseado. Por ello, la galvanoplastia, auténtica especialidad, está dirigida a profesionales que disponen de una sólida formación en ciencias aplicadas y de un ojo agudizado.

PVD (Physical Vapour Deposition)

Derivado directamente de la tecnología de capas finas desarrollada en origen por la NASA en el marco de sus programas espaciales, el PVD o depósito físico de vapor permite unir prácticamente cualquier material inorgánico con metales. Este tratamiento de superficie enormemente versátil confiere a los acabados metálicos un color intenso. Los tonos varían hasta el infinito, aumentando así el espectro cromático obtenido por galvanoplastia.

Relojería: PVD

Las técnicas PVD utilizadas por Rolex, a menudo, requieren el uso de un recinto al vacío o bajo una presión equivalente a la que reina en el espacio a unos 150 kilómetros de la superficie de la Tierra. La película de óxidos y metales vaporizados tiene un grosor inferior a un micrón, lo cual no impide que le confiera una sorprendente profundidad a la esfera. Según el ángulo desde el que se mire, una esfera PVD adquiere reflejos y matices inéditos, sin perder en ningún momento su brillo.

Relojería: creación de la esfera PVD

Entre los procedimientos a los que ha recurrido la marca, dos son los preferidos: la evaporación térmica, que se sirve de un cañón de electrones para vaporizar el material fuente, y la pulverización catódica por magnetrón, técnica basada en la ionización producida por una antorcha de plasma. Los revestimientos PVD son duros y se adhieren a la esfera con gran fuerza; se pueden controlar con gran precisión, casi hasta la capa de átomos. No obstante, se trata de un proceso extremadamente delicado que no tolera la más mínima partícula de polvo, motivo por el cual todas las operaciones se efectúan en sala blanca. El dominio interno y a gran escala de tecnologías tan punteras y de competencias tan específicas convierte a Rolex en una marca de excepción en el mundo de la relojería.

Relojería: evaporación térmica

Esmaltado

El esmaltado se remonta al siglo XIII. Si bien en el arte clásico se consideraba una de las técnicas de coloración más prestigiosas, en Rolex se reserva a los índices y viene a culminar las esferas de oro pavé diamantes.

Relojería: esmaltado

En un mortero, los esmaltadores muelen un material mineral a base de silicio y óxidos metálicos coloreados para obtener una textura con colores vivos e intensos. Al término de un largo y minucioso trabajo, que consiste en aplicar el esmalte sobre los índices y a continuación pasar las esferas por el horno al rojo vivo —a una temperatura comprendida entre los 800° C y los 950° C—, los colores se vuelven vidriosos y centelleantes. Para lograr el efecto deseado, a veces es necesario repetir el proceso varias veces, capa por capa. Solamente un pequeño número de esferas se confía cada año a los esmaltadores de Rolex. Con infinita precisión, estos coloristas consiguen que algunos de los relojes joya más hermosos de la marca irradien pura luz.

Relojería: esmaltado de la esfera

Tratamientos finales de la superficie

Los tratamientos finales de superficie modifican notablemente el aspecto y textura de las esferas. Hasta un simple negro adquiere un aspecto más deportivo cuando se recubre con un barniz mate. Y a la inversa, un barniz brillante confiere refinamiento y elegancia a ese mismo negro. Los colores se analizan bajo tres iluminaciones estandarizadas: la luz de una vitrina de tienda, la luz interior y la luz exterior natural.

Relojería: acabado de la esfera

Un nuevo color es el resultado de la utilización de tecnologías punta, pero, en última instancia, es el ser humano el que decidirá si dicho color va a vestir una esfera y a unirse así a los miles de tonos ya empleados por la marca.

De ahí que, si bien un fotoespectrómetro puede medir la luz, el buen criterio y el gusto por la belleza le son totalmente ajenos. Por tanto, es imposible competir con el ojo humano en este sentido.

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