Etapa crucial en la fabricación de un reloj Rolex, el pulido confiere a las superficies metálicas ese bonito acabado liso y lustroso. 

En los tiempos de la automatización creciente, esta técnica sigue siendo en gran medida un arte manual de los más delicados en el que cada paso dado por unas manos expertas combina coreografía del gesto y precisión del movimiento.

Concentración absoluta, mirada enfocada, postura estable. Mientras sostiene con firmeza entre sus dedos una carrura Oyster, el pulidor la aproxima al torno de pulido. Se requieren constancia y regularidad cuando la pieza entra en contacto con el disco de pulido. Un gesto seguro, preciso y sin embargo infinitamente delicado acompaña a la carrura, que se desliza sobre la herramienta rotativa en diferentes posiciones. Es una de las etapas finales del pulido: en cuestión de un instante —tan solo unos segundos— las superficies ligeramente mates se dotan de un brillo uniforme y deslumbrante. A semejanza de un bailarín de ballet ejecutando una coreografía bajo la batuta de un maestro, el pulidor aúna fuerza y sensibilidad para mover en un solo impulso las manos y el torso.
La coreografía puede resultar espectacular: de hecho, a veces el pulidor pule de 20 a 30 carruras al mismo tiempo ensartándolas en una «madera», un soporte de madera dura. Esta técnica, que requiere una mano fuerte, implica un perfecto dominio de los fundamentos del pulido: preparación, manipulación, fuerza aplicada, velocidad de ejecución y lubricación.

Relojería: pulido Rolesor

Paciencia y tiempo

Se necesitan varios años de práctica para que el pulidor, hoy en día denominado acabador, adquiera la experiencia y seguridad exigidas. Se requieren tres años de aprendizaje para asimilar el oficio —sus principios, herramientas y materiales, así como las técnicas y procesos de fabricación vigentes en Rolex— y saber ejercerlo. Le siguen unos cinco años de práctica durante los cuales el exaprendiz asienta su dominio de las múltiples facetas de su actividad y adquiere la rapidez, regularidad y, cómo no, seguridad de un buen pulidor. Llegados a este punto, la mayor parte de los acabadores han desarrollado amor por su arte, un sentimiento que, insisten, es fundamental.

Herramientas de pulido

Sobre las cabezas de los pulidores, un experto del oficio observa admirado las manos que se aproximan al torno. Sus veintisiete años de experiencia no han minado en absoluto su entusiasmo, ni ante un aprendiz recién llegado ni ante un veterano como él: «La destreza y el sentimiento no se enseñan ni en el pupitre de una escuela ni en el seno de una empresa. Es algo que cada uno adquiere a su propio ritmo», afirma. «¡Yo sigo aprendiendo!».

Progresos tecnológicos

DOMINAR EL MATERIAL

Basta con apoyar la pieza en el torno un poco más de tiempo —a veces solo unos segundos— o con algo más de fuerza de la cuenta, para que los discos de pulido y la pasta abrasiva retiren una cantidad excesiva de material, lo que daña la carrura de forma irreversible. Y al contrario, un contacto demasiado leve no elimina los pequeños surcos, rasguños o picaduras que al común de los mortales le costaría detectar, pero que un pulidor experimentado localiza de un solo vistazo o pasándole un solo dedo por encima. Cada componente, cada forma, cada superficie, requiere un tratamiento especial. Y cada metal tiene sus características específicas, lo cual implica un enfoque diferente, no por ello menos delicado, en función del material.

Un pulidor experimentado necesita entre uno y tres meses de adaptación para familiarizarse con un nuevo metal. El oro es relativamente blando y resulta fácil sacarle brillo, pero una pieza de oro de 18 quilates se deforma rápidamente si no se manipula con precaución. El platino, muy maleable, se raya o se pica con facilidad en caso de presión excesiva o de fricción. En cuanto al acero inoxidable que utiliza Rolex, el acero Oystersteel, resulta especialmente difícil de trabajar, pues exige un pulido más largo y una mayor fuerza para que aparezca el brillo. Para algunos, satinar el irreductible acero es un desafío que les aporta más satisfacción, si cabe, que hacer surgir bajo sus manos el brillo del preciado oro amarillo de 18 quilates.

Relojería: Dominar el material

ARTE Y CIENCIA AL MISMO TIEMPO

En el transcurso de un cuarto de siglo, el oficio del pulidor en relojería ha experimentado profundos cambios. En otro tiempo, la práctica se basaba fundamentalmente en la experiencia empírica transmitida de generación en generación por los expertos. Con el paso de los años, este arte ha adquirido bases técnicas de mayor solidez, especialmente en Rolex.

Arte y ciencia al mismo tiempo

Los métodos y criterios de pulido se definen hoy en día en los procesos de fabricación de cada reloj y cada componente. Todo está especificado, desde el tipo de herramientas empleadas hasta el material, pasando por las técnicas y las normas elementales de manipulación. Los equipos de pulido —discos abrasivos, bandas de esmeril, fieltro y pasta de pulir— se estudian y ponen a prueba en laboratorios antes de su utilización, y posteriormente se adaptan a cada metal y cada acabado de superficie.

Los progresos tecnológicos han permitido también automatizar ciertas tareas que complementan el trabajo manual, lo cual divide el proceso en dos fases: la preparación de las superficies, principalmente por medio de máquinas de control digital, y a continuación el acabado de las superficies, en gran parte efectuado a mano. Cada uno de estos dos componentes conlleva múltiples etapas sucesivas de pulido; así es como se obtiene el acabado pulido o satinado. En cualquier caso, nada puede sustituir el gesto ni el ojo del especialista.

Arte y ciencia al mismo tiempo

Preparación mecánica

Durante la fase automatizada de preparación de las superficies de los elementos de la caja y el brazalete recién mecanizados, los pulidores efectúan un control visual. Además, el brazo articulado del robot simula los movimientos de la mano del pulidor, tomando una hilera de eslabones de brazalete dispuestos sobre un soporte y aplicándoles en diferentes posiciones una muela abrasiva. Esta operación, que puede durar hasta siete minutos, elimina de la pieza surcos, rayaduras y picaduras al retirar algunas centésimas de milímetro de material.  La superficie obtenida, ligeramente mate, está entonces preparada para el acabado. Debido a su gran dureza, los componentes de acero se someten a un prepulido automático de dos minutos, que presenta la ventaja de sustituir una labor manual muy exigente y repetitiva.

Relojería: preparación mecánica

Estas operaciones de preparación mecánica suelen realizarse con aceite para evitar un calentamiento excesivo del material bajo el efecto de la fricción y preservar así los metales preciosos. El grano de las muelas abrasivas y las bandas de esmeril es tosco; se compone de cerámica, corindón, carburo de silicio, diamante y, en ocasiones, rubí.

Pulido preciso

Acabado brillante o satinado

El acabado de superficie generalmente se realiza a mano en tornos de pulir equipados con discos más blandos. Si bien una de las últimas adquisiciones es un cepillo circular de polímero rosa con aspecto de esponja rasposa, la mayor parte de las herramientas se fabrican con materiales naturales (fibra de sisal, lana merino comprimida, franela o capas de algodón) de diferentes densidades que se endurecen añadiendo pasta de pulir con contenido en abrasivo fino. El resto depende del talento y delicadeza de cada pulidor.

El pulido con acabado brillante se obtiene a costa de una labor sutil y delicada que consiste en retirar, en la última fase del pulido (es decir, el avivado final), entre dos y cinco micrones, no más, para poner al descubierto todo el brillo de la caja o el brazalete.

Pulido en bruto de la caja

Un acabado satinado requiere técnicas específicas tanto para la preparación como para el acabado de las superficies. Se suele obtener mediante cepillado y permite lograr una superficie cuya textura varía en función de la profundidad y la separación de los trazos dejados por el cepillo. En Rolex, el satinado se caracteriza por unas líneas perfectamente paralelas, homogéneas y espaciadas de forma regular. Visibles a través de microscopio, estas líneas confieren a la pieza examinada a simple vista un acabado satinado, sedoso y cálido. La combinación de eslabones satinados y pulidos en un mismo brazalete requiere toda la destreza de los pulidores que, para no dañar las superficies ya sometidas al acabado, las recubren con una cinta adhesiva.

En ocasiones el pulido sirve no solamente para obtener un acabado de superficie concreto, sino también para modificar la forma de una pieza, especialmente del brazalete. Una vez superada la fase de preparación de las superficies, los eslabones se montan y se pulen con el objetivo de garantizar una hermosa continuidad del filamento. Le corresponde, por tanto, al pulidor eliminar cualquier desviación de un eslabón a otro para que el brazalete forme una curva regular que constituya un conjunto armonioso con la caja y el cierre.

Acabado satinado

Estos son los elementos visibles del pulido. En Rolex, la pasión relojera es tal que incluso las superficies invisibles, el interior de la caja por ejemplo, se satinan con absoluta minuciosidad, siguiendo las reglas del arte.

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