La era de los pioneros

A prueba de pruebas: esa era la filosofía del fundador de Rolex. En 1927, la travesía del canal de la Mancha llevada a cabo por Mercedes Gleitze fue «la prueba del agua», el test de hermeticidad más convincente del Oyster. En cuanto a «la prueba del aire», la superará en la muñeca del comandante Charles Douglas Barnard, quien declarará: «Las cualidades particulares de este reloj Rolex hacen que se adapte perfectamente a la aviación, y me propongo utilizarlo en todos mis futuros vuelos de larga distancia».

Charles Douglas Barnard batirá numerosos récords en vuelos de larga distancia, entre los que destaca especialmente el de 1930, cuando recorre 9000 millas (14 484 km) en 100 horas de vuelo entre Inglaterra y Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

La primera vez que se sobrevuela el Everest en 1933 constituye una nueva prueba para el Oyster, y extrema. La expedición Houston hace historia. Para los aviadores artífices de esta hazaña, se trataba de ser los primeros en sobrevolar el Techo del Mundo, y también en fotografiarlo.

Los aviones escogidos para la expedición son dos biplanos Westland Wallace. El piloto jefe de la operación es lord Clydesdale. Junto a él, a bordo de su biplaza, el teniente-coronel Stewart Blacker, uno de los promotores de la expedición equipada con modelos del Oyster de Rolex, presentado siete años antes.

Los dos aviones efectúan dos vuelos sobre la cumbre más alta del mundo. El primero tiene lugar el 3 de abril de 1933. Las condiciones de vuelo son espantosas. A más de 9000 metros de altitud, los biplanos resultan apenas controlables en un aire enrarecido… a 40 °C bajo cero.

Este primer vuelo se llevará a cabo en un cielo cubierto. Las fotografías son inservibles. El 19 de abril se realiza el segundo intento, esta vez con el cielo despejado, y la expedición resulta todo un éxito. El Everest ha sido sobrevolado y debidamente fotografiado por Blacker. La carta que le escribirá a Rolex tras su hazaña habla por sí sola: «Cuesta imaginar que se haya sometido a relojes a condiciones tan extremas».

A su regreso a Inglaterra, los miembros de la expedición son recibidos como héroes. Por motivos estratégicos, las fotos tomadas el 19 de abril de 1933 quedaron registradas en los archivos secretos de la Royal Geographical Society y no se dieron a conocer hasta 1951. Dos años más tarde, desempeñarán un papel esencial en la estrategia adoptada por los alpinistas sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay durante su primer ascenso al Everest.

La era de todos los récords

Los años 1930 son magníficos para la aviación. Los pilotos de Su Majestad encadenan récords de velocidad entre Inglaterra y los confines del imperio donde «nunca se ponía el sol». A partir de esta época, algunos aviadores británicos, campeones de carreras de velocidad, adoptan el Oyster.

En 1934, a bordo de un De Havilland Comet, la tripulación formada por Owen Cathcart‑Jones y Ken Waller aterrizó en Melbourne tras haber sorteado todo tipo de dificultades a lo largo de cinco agotadoras jornadas de vuelo. Ante su decepcionante cuarto puesto, los dos aviadores, recién llegados, deciden volver a despegar de inmediato para recorrer el trayecto en sentido inverso. Establecen entonces un nuevo récord: 37 000 km (23 000 millas) en menos de 13 días. Cathcart‑Jones y Waller transformaron el fracaso del récord de velocidad en un récord de resistencia imbatido que allanó el camino de la aviación comercial.

De vuelta en Inglaterra, Cathcart-Jones relata: «Mi reloj se ajustó en Mildenhall antes del despegue y no fue necesario volver a hacerlo durante todo el viaje. Al regreso comprobé que, a pesar de las variaciones climáticas extremas, mi Rolex seguía funcionando con precisión GMT».

Algunos de los pilotos británicos más talentosos hicieron historia durante esta época llena de logros y en la que se establecieron muchos récords. Arthur Clouston y Anthony Ricketts recorrieron los 45 000 kilómetros de ida y vuelta entre Inglaterra y Nueva Zelanda, una hazaña que batió 11 récords.

La era dorada

El GMT‑Master se lanzó en 1955, momento en el que la aviación comercial entra en su edad de oro. La relación con el tiempo y con los viajes evoluciona. Los vuelos trasatlánticos ya surcan los océanos de orilla a orilla sin escalas. Diseñado especialmente para los pilotos de línea, el GMT‑Master se impone rápidamente como reloj predilecto de los aviadores y de los grandes viajeros de todo el mundo.

Cuatro años después de su lanzamiento, el GMT‑Master protagonizará un acontecimiento que va a consagrar su imagen de reloj que une a las personas: el primer vuelo sin escalas de la Pan Am entre Nueva York y Moscú.

Estrellas fugaces

Scott Crossfield —el primer piloto de pruebas que superó Mach 2 en 1951— participó en el programa X-15. Un proyecto ambicioso, lanzado en 1956 y destinado a desarrollar reactores de nueva generación, más potentes, que abrirán las puertas a la propulsión de los primeros cohetes espaciales. En el transcurso de estos experimentos, Crossfield efectuará nada menos que 14 vuelos de prueba. En una misiva enviada a Rolex en octubre de 1962, corrobora el impecable funcionamiento de su reloj a temperaturas que oscilaban entre los –65 °F (–54 °C) y los 170 °F (75 °C) y a altitudes de 76 000 metros simuladas en cámara hipobárica y de 28 000 metros en condiciones reales de vuelo.

Entre el puñado de pilotos de prueba que participan en el programa se encuentra el que fue considerado en su momento el hombre más rápido de todos los tiempos. El día 3 de octubre de 1967, a bordo del avión-cohete X‑15, el teniente e ingeniero William J. Knight establece el récord absoluto de velocidad de la historia, inigualado hasta nuestros días: 7274 km/h (Mach 6,7). En su muñeca, un GMT‑Master.

Más lejos, durante más tiempo

Desde los orígenes de la aviación, el ser humano ha querido llegar cada vez más lejos, cada vez más alto. Pero para algunos visionarios hay otra búsqueda en juego: la de llegar cada vez más lejos, durante cada vez más tiempo. ‏Sheila Scott era una de ellos. En 1966, se convirtió en la primera aviadora británica que logró realizar un vuelo en solitario alrededor del mundo a bordo de un monomotor, un avión realmente pequeño en el que recorrió 50 000 km en 189 horas de vuelo durante 33 días. Sheila Scott llevaba un GMT-Master. Superó asimismo más de cien récords de resistencia en solitario, entre ellos el de vuelo más largo sin escala al efectuar un trayecto de ida y vuelta entre Londres y Ciudad del Cabo sin tocar tierra.

Hoy en día, el desafío radica en garantizar que la aventura del cielo jamás finalice. Y los relojes Rolex acompañan a quienes se esfuerzan en que este sueño sea perpetuo.

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