El reloj mecánico, con su multitud de componentes móviles, es un objeto de deseo para la tribología, esa ciencia reciente y tan sumamente especializada.

La ciencia que estudia el rozamiento —o fricción—, el desgaste y la lubricación de las superficies en movimiento. Sin la visión holística de los tribólogos y su arte para hacer que las piezas se deslicen, resbalen o se adhieran, los relojes de precisión, incluso los más modernos, sencillamente se detendrían.

A los tribólogos les gusta decir que el único componente de un reloj que no pasa por sus manos es la esfera. Dejando a un lado esta pieza estática que jamás entra en contacto con piezas móviles y que está bien protegida del desgaste, el movimiento y sus minúsculos elementos, la caja, el bisel, el cristal, el brazalete y el cierre, sin olvidar las máquinas de producción, las herramientas y los lubricantes, pasan por la criba de estos apasionados por el detalle cuya ciencia es un compendio de ingeniería, química y relojería. Actualmente, los equipos de tribólogos de Rolex aumentan la fiabilidad, la precisión y el confort hasta unos niveles sin precedentes.

Tribólogos

Una ciencia reciente

La tribología surge entre finales de la década de 1960 y los años 1980, como resultado de una mejor comprensión de los fenómenos de estrés a los que son sometidos los materiales empleados en las industrias punteras. Pero algunos principios de esta ciencia multidisciplinar se vienen aplicando desde hace siglos. En el siglo XVIII, cuando el relojero John Harrison creó los primeros relojes de gran precisión —cronómetros de marina—, ya buscaba reducir el impacto del rozamiento y no escatimó esfuerzos para dar lugar a los primeros mecanismos relojeros que no necesitaban lubricación alguna. En aquella época, la calidad de los lubricantes era mediocre. Elaborados con grasas animales o vegetales, se deterioraban rápidamente y su eficacia resultaba limitada para unos instrumentos que eran esenciales en la navegación por alta mar.

Habría que esperar hasta finales del siglo XX para presenciar el nacimiento de una ciencia capaz de respaldar realmente al arte relojero. Aplicada a los movimientos mecánicos, la tribología ejerce una considerable influencia sobre la precisión, el tiempo de vida e incluso el funcionamiento del reloj.

Montaje del calibre

Aplicada a la caja y al brazalete, influye sobre el confort, la calidad y la estética. Gracias a ella, el cierre se abre y se cierra con total flexibilidad con un clic nítido y firme, lo cual supone una ventaja evidente para el usuario. La tribología ha desempeñado un papel esencial en el desarrollo del nuevo Day‑Date y de su movimiento de nueva generación, que se ha convertido en una referencia cronométrica.

Visualización del día y la fecha

Antes, los tribólogos intervenían fundamentalmente para resolver problemas, tarea ingrata que exigía una paciencia infinita, puesto que el desgaste ya podía haber dañado los componentes y ocultado, por tanto, la causa real. Desde hace quince años —y ahí reside la principal evolución de su oficio— intervienen en la fase de investigación y desarrollo o, dicho de otro modo, desde la selección de los materiales y el diseño de los componentes.

Cuestión de micrones

Los movimientos más novedosos se fabrican con unos márgenes de tolerancia mínimos, equivalentes a los que se aplican en la industria aeroespacial. Trasladadas a la escala infinitesimal de los ejes y los engranajes de un reloj, las fuerzas que intervienen en términos de rozamiento y desgaste son enormes.

Cuestión de micrones

La carga ejercida sobre un rubí o el diente de una rueda equivale a la que ejerce una locomotora sobre los raíles. Cada tic‑tac corresponde a un impulso generado por el escape y, por tanto, a un rozamiento y a un desgaste al que un reloj Rolex se ve sometido en torno a unos 250 millones de veces al año. Las zonas de contacto entre superficies móviles pueden ser minúsculas, del orden de unos micrones.

En el siglo XVIII, los rubíes (famosos por su dureza) se utilizaban como cojinetes en los mecanismos relojeros para limitar el desgaste por rozamiento que dañaba los pivotes de latón. Hoy en día, los relojes mecánicos de alta precisión se protegen con lubricantes muy elaborados y de gran longevidad. Se evita así el agarrotamiento, que destruiría un movimiento en el espacio de quince días.

Colocación del escape

FABRICACIÓN DE LUBRICANTES PUNTEROS

Sintetizados bajo la supervisión de los tribólogos, los lubricantes de alto rendimiento sustituyen a los aceites y grasas extraídos de pezuñas de animales que se comercializaban hace una década. Rolex es la única empresa relojera que desarrolla y fabrica su gama de lubricantes en su propio laboratorio especializado. Cada tipo de aceite posee una aplicación diferente y requiere casi una década de Investigación y Desarrollo. Los lubricantes de baja viscosidad, o diluyentes, se usan para contactos de alta velocidad, como los del oscilador. Los lubricantes de alta viscosidad, o densos, se emplean en los contactos de alta presión o de golpes, como los del tren de engranajes.

Las cantidades empleadas son enormemente pequeñas. El conjunto de la industria relojera suiza consumiría solamente 100 litros de lubricante al año. Un movimiento Rolex contiene únicamente unos microlitros repartidos entre los puntos de contacto, de 50 a 100 en función del modelo. Desde el surgimiento de la tribología, cada gota se mide científicamente y a continuación es aplicada por operarios cualificados con la ayuda de jeringas automatizadas que garantizan la dosis perfecta. Un exceso de lubricante podría provocar la adherencia y la ralentización de los componentes en movimiento, y una cantidad demasiado escasa aumentaría el desgaste y el rozamiento.

Han de tenerse en cuenta muchos otros criterios. En algunas partes de los componentes se puede utilizar un revestimiento nanométrico, el epilame, para modificar la tensión de superficie y circunscribir el lubricante a una zona precisa. Se examinan cuidadosamente parámetros como la forma y la curvatura de una gota microscópica de aceite. Una gotita perfectamente esférica podría, por ejemplo, deslizarse entre dos superficies en lugar de lubricarlas.

Sutil equilibrio

A veces resulta deseable un cierto grado de rozamiento, como en el mecanismo de un bisel giratorio. En ese caso se trata de buscar el equilibrio perfecto entre fricción y deslizamiento. Hasta la geometría de las estrías características del bisel del Sky‑Dweller ha sido estudiada para que el usuario pueda girarlo con firmeza.

Los tribólogos poseen tal sentido de la precisión que rara vez califican una superficie metálica como lisa, y hablan de su rugosidad. En efecto, si esa superficie se examina con un microscopio electrónico, nunca es tan lisa como sugiere su aspecto a simple vista o incluso al tacto. Las superficies satinadas se someten asimismo a un análisis tribológico para garantizar que no se pulan con el paso del tiempo.

Tal vez el brazalete es el elemento que aporta la mejor prueba de los beneficios de la tribología. En los brazaletes Oyster y President de platino y oro, especialmente en el brazalete President que equipa el nuevo Day‑Date, se han colocado inserciones de cerámica en cada eslabón para reducir el desgaste en función de los metales utilizados. Estas inserciones aseguran además una excepcional flexibilidad del brazalete. En este caso, el lubricante estaría contraindicado, ya que podría manchar la ropa del usuario del reloj.

Dada la naturaleza de su misión, no resulta sorprendente que la mayoría de los tribólogos posean infinidad de diplomas. Pero, aunque su jornada laboral es todo método y rigor, son almas románticas que combinan materiales y elementos móviles en busca de una perfecta armonía

LA TRIBOLOGÍA ES UN COMPENDIO DE INGENIERÍA, QUÍMICA Y RELOJERÍA.

Lubricante rojo

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