Un legado de excelencia

relojería

TOMARSE TIEMPO PARA HACER LAS COSAS BIEN, ASPIRAR A LA PERFECCIÓN, PASO A PASO.

La creación de los relojes Rolex se cimenta en competencias en constante mejora que se transmiten de una generación a otra como el bien más preciado. Desde los gestos ancestrales al dominio de las tecnologías punta, presentamos a continuación los distintos tipos de savoir‑faire necesarios para la creación de nuestros relojes.

Ideado por Hans Wilsdorf, el Oyster Perpetual nació del savoir‑faire de hombres y mujeres reunidos en torno a la pasión por el trabajo bien hecho, el gusto por la innovación y la búsqueda de la perfección. Tantas y tantas personas que siempre han tenido en común un único objetivo: alcanzar la mayor calidad posible mejorando sin descanso.

Rolex es una manufactura que en la actualidad dispone de innumerables competencias: relojeros, ingenieros, diseñadores y otros especialistas trabajan codo con codo en el diseño y posterior fabricación de los relojes.

El savoir‑faire de la marca engloba desde el trabajo con los materiales hasta el ensamblaje de los elementos del movimiento, la caja, la esfera y el brazalete, pasando por el mecanizado, el acabado y el engaste.

Hans Wilsdorf y Oyster Perpetual

Prototipado

Los versátiles prototipistas de Rolex confieren forma y función a nuevos componentes y nuevos relojes, productos que conciben de manera absolutamente confidencial, años antes de su lanzamiento. Son modelistas, creadores de métodos, ingenieros e incluso relojeros: todos ellos comparten actividades de creación, investigación y desarrollo.

Los prototipistas transforman los bocetos de los diseñadores y los proyectos de los ingenieros en relojes o componentes de relojes perfectamente funcionales y cuya precisión y acabado no tienen nada que envidiar a los modelos que salen de producción. Estos prototipos están tan bien acabados y han de satisfacer tantos criterios que concentran prácticamente todas las competencias de una manufactura relojera, si bien son fruto del trabajo de tan solo unas decenas de personas.

En función del equipo al que estén vinculados —creación, caja y brazalete, cerámica, movimiento—, los prototipistas con frecuencia han adquirido competencias sorprendentemente variadas en diversas especialidades, y muchos continúan ampliando sus conocimientos a lo largo de toda su carrera. Esta versatilidad les permite tratar con un gran abanico de componentes y recurrir a diversos métodos de fabricación.

Fabricación de movimientos

Hombres y mujeres vestidos de blanco, bancos de trabajo informatizados, el silencio de la concentración; en Rolex, los talleres desprenden una sensación de serenidad absoluta y devoción por la calidad del trabajo. Los relojeros Rolex, si bien se inscriben en una continuidad histórica y perpetúan una antigua tradición, proyectan a diario el arte relojero hacia una nueva dimensión gracias a la formidable herramienta industrial que tienen a su disposición.

Los relojeros de Rolex están presentes a lo largo de todo el proceso de diseño y fabricación del reloj. Le insuflan vida, garantizan su funcionamiento y velan por su mantenimiento posterior. Ya sea en el laboratorio, en producción o en el servicio posventa, los relojeros siempre trabajan en equipos multidisciplinares integrados además por diseñadores, ingenieros y otros especialistas en relojería.

Desde sus albores, Rolex ha valorado el savoir‑faire de sus relojeros, los ha situado en el centro de su aventura y ha cuidado la calidad de su formación. Gracias a ello, la marca puede enorgullecerse de poseer un destacado dominio del arte relojero.

Trabajo del metal

Rolex utiliza fundamentalmente el acero Oystersteel. Este acero especial pertenece a una familia de aleaciones que resultan especialmente resistentes a la corrosión y adquieren un excepcional brillo cuando se pulen. La marca lleva a cabo de forma interna el conjunto de procedimientos de fabricación de los componentes de relojes producidos en este material.

Además, Rolex comenzó a desarrollar su propia fundición a principios de la década de 2000. Si la marca tomó la inusual decisión de dotarse de una fundición ultrasofisticada fue para que tan solo las aleaciones de más calidad se empleasen en la elaboración de sus relojes. Así, el oro amarillo, blanco y Everose de 18 quilates son creados internamente por fundidores experimentados según fórmulas celosamente guardadas. El resultado: metales nobles de una calidad irreprochable y un brillo único. De la destreza del fundidor y de su estricto respeto por la receta depende la calidad de la aleación final.

Cerámica

El dominio de la cerámica le ha permitido a Rolex dotar a sus relojes con biseles o discos de bisel Cerachrom creados en este material de alta tecnología. Producto de la investigación aplicada —realizada de forma interna— y del uso de procesos de fabricación propios de la marca, este savoir‑faire supuso el inicio de una nueva era para Rolex.

La cerámica denominada «técnica», resultado de la investigación en tecnología punta, se define habitualmente como un material compuesto por polvo de minerales que se produce a temperaturas muy elevadas. Se utiliza sobre todo en los sectores espacial y aeronáutico, así como en el ámbito médico, y su fabricación exige el dominio de numerosas técnicas.

Fiel a su tradición de excelencia y gracias a la eficiencia de hombres y mujeres que trabajan con este material, Rolex lleva a cabo sus propias investigaciones, en primer lugar para dominar los procesos de creación y fabricación y, en segundo lugar, para crear nuevas tonalidades.

El arte de las esferas

La variada paleta de colores y texturas que Rolex propone para las esferas de sus relojes debe su éxito a tres parámetros controlados de forma interna y hábilmente combinados entre sí: física avanzada, química pura y un excepcional sentido estético.

Las personas que trabajan en este arte han de dominar, entre otras cosas, los últimos avances en materia de física y de química de las superficies. Se requiere además un elevado sentido de la creatividad, un dominio de la paleta de colores y un ojo avezado. Ese ojo es el que, a fin de cuentas, decidirá qué color podrá vestir una esfera.

Las tonalidades de las esferas Rolex surgen tanto de técnicas ancestrales como de la ciencia del siglo XXI: del esmaltado tradicional al más fino de los lacados pasando por las técnicas de coloración de la esfera por galvanoplastia o depósito —mediante un plasma o haces de electrones— de capas de un grosor ínfimo. De esta alquimia ha nacido un inmenso abanico de matices. Los diferentes procedimientos utilizados, muy complejos, confieren un acabado incomparable al disco de latón que sirve de base para la mayoría de las esferas de relojes.

Pulido

El pulido, etapa crucial de la fabricación de un reloj Rolex, dota a las superficies metálicas de ese resultado tan particular. En una época en la que la automatización está en auge, esta técnica sigue siendo un arte manual de los más delicados en el que cada paso, magistralmente controlado, combina la coreografía del gesto con la precisión de los movimientos. En Rolex la pasión por la relojería es tal que hasta las superficies invisibles —el interior de algunas cajas, por ejemplo— se satinan con infinita meticulosidad, en cumplimiento de las normas del arte.

El pulidor, que hoy en día recibe el nombre de termineur, necesita varios años de práctica para adquirir la experiencia y la seguridad requeridas. Son necesarios tres años de aprendizaje para comprender el oficio —sus principios, herramientas, materiales, así como las técnicas y procesos de fabricación vigentes en Rolex— y saber ejercerlo. A esta formación le siguen cinco años de práctica durante los cuales el exaprendiz consolida su dominio de las múltiples facetas de su actividad y adquiere la velocidad, la constancia y, evidentemente, la seguridad de un buen pulidor.

Cada componente, cada forma, cada superficie, requiere un tratamiento especial. Y cada metal tiene sus peculiaridades, lo cual implica un enfoque diferente —pero no menos delicado— en función del material del que se trate. Los métodos y criterios de pulido se definen hoy en día en los procesos de fabricación de cada reloj y de cada componente.

Tribología

Con su multitud de componentes móviles, el reloj mecánico es un sujeto de estudio ideal para la tribología, esa ciencia reciente y tan especializada que estudia el frotamiento —o fricción—, el desgaste y la lubricación de las superficies en movimiento. Sin la labor de los tribólogos y su arte de hacer deslizar, resbalar o adherir las piezas, los relojes de precisión —incluso los más modernos— sencillamente se pararían.

El movimiento con sus minúsculos elementos, la caja, el bisel, el cristal, el brazalete y el cierre, sin olvidar las máquinas de producción, las herramientas y los lubricantes, son analizados por estos entusiastas de los detalles cuya ciencia es una mezcla de ingeniería, química y relojería. En la actualidad, los equipos de tribólogos Rolex están elevando la fiabilidad, la precisión y el confort a unos niveles sin precedentes.

Aplicada a los movimientos mecánicos, la tribología ejerce una considerable influencia sobre la precisión, la duración y el propio funcionamiento de un reloj. Aplicada a la caja y el brazalete, influye en el confort, la calidad y la estética. Los tribólogos intervienen ya en la fase de investigación y desarrollo o, dicho de otra manera, desde la selección de los materiales y el diseño de los componentes.

Engastado

La gemología y el engastado son las dos disciplinas que permiten dotar a los relojes Rolex de diamantes, zafiros y otras piedras preciosas. Un control estricto de la calidad de las gemas, asociado a diferentes tipos de savoir‑faire especializado, garantiza el perfecto brillo de los relojes engastados.

Una vez rigurosamente seleccionadas, las piedras preciosas se ponen a disposición de los engastadores. Con gestos tan precisos como los de los relojeros, incrustarán las piedras una a una en los relojes. Su labor consta de varias etapas. Empiezan por la colaboración con los diseñadores para acordar la disposición de las gemas y sus colores.

A continuación, con los ingenieros que se encargan de la caja y el brazalete, estudian el futuro emplazamiento de las piedras para preparar con absoluta precisión la pieza de oro o platino en la que se alojarán. Finalmente, el pulido le conferirá brillo hasta al accesorio metálico más ínfimo y dotará a la pieza de todo su esplendor, gesto que se repite hasta unas tres mil veces en algunas esferas pavé de diamantes.  

Calidad

Golpes leves o violentos, variaciones de temperatura, campos magnéticos, desgaste o incluso humedad: los relojes Rolex han de ser capaces de resistir a largos períodos en condiciones a veces extremas sin que su integridad o su rendimiento se vean afectados o disminuidos.
Para Hans Wilsdorf, fundador de la marca, era primordial que todos los relojes Rolex diesen la hora con exactitud, y que su movimiento estuviese protegido de la mejor de las maneras. Más de cien años después de la creación de los primeros modelos, esta filosofía todavía rige el desarrollo y la producción de cada reloj que se estampa con la emblemática corona.

La calidad de los relojes Rolex es el resultado de una rigurosa metodología. Desde el diseño de un nuevo modelo hasta las pruebas a las que todos los relojes se someten al finalizar el proceso de producción, todo está pensado para responder a los criterios de excelencia de la marca. Rolex ha desempeñado un papel pionero en el desarrollo de métodos de prueba y protocolos para garantizar la fiabilidad y robustez de un reloj. Así, ha creado su propia certificación, basada en los controles finales específicos que se llevan a cabo en sus propios laboratorios y con arreglo a sus propios criterios, como complemento de la certificación oficial del movimiento emitida por el COSC.

Garantizar la fiabilidad de un reloj Rolex requiere multitud de competencias. Ingenieros en las áreas de materiales, física, mecánica o microtécnica, así como técnicos, constructores, prototipistas, estadísticos y relojeros trabajan mano a mano en el desarrollo de soluciones óptimas y específicas para el uso de cada modelo, desde el prototipo hasta el reloj terminado.

Con un patrimonio excepcional, Rolex hace de la transmisión del savoir‑faire una prioridad. En este sentido, la marca dispone de sus propios centros de formación: en Ginebra y Bienne para sus empleados de Suiza y en Lititz, Pensilvania (Estados Unidos), para el desarrollo de competencias de relojeros acreditados. De este modo, la marca siempre cuenta con un personal altamente cualificado y se asegura la transmisión del testigo entre generaciones a perpetuidad.

Demostración de trabajo en equipo

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