El lugar

Rolex y el automovilismo

Las carreras en la playa son muy espectaculares y las siguen cientos de espectadores.

Los reyes de la velocidad

1903 - 1935

De 1903 a 1935, la playa de arena dura de Daytona, en Florida, adquiere fama mundial como el lugar perfecto para batir récords de velocidad. Allí se establecen al menos 80 récords oficiales, 14 de los cuales marcan la velocidad más elevada del mundo. Estas hazañas mecánicas de repercusión planetaria le valen a Daytona el título de capital mundial de la velocidad. Una carrera desenfrenada que culminará en marzo de 1935 con el récord del británico sir Malcolm Campbell al volante de su célebre bólido Bluebird a 445 km/h (276 mph). Unos meses más tarde rebasaría la mítica barrera de las 300 mph (482 km/h), pero esta vez en Bonneville Salt Flats, en Utah. Desde principios de la década de 1930, el que entrará en la historia como el rey de la velocidad, lleva un Rolex Oyster en la muñeca. Es así como el primer Testimonial Rolex en el ámbito del automovilismo queda estrechamente vinculado a Daytona.

 

Los bólidos más rápidos de Daytona (imagen contigua superior): el Triplex verde de Ray Keech (1928), el Sunbeam Mystery S rojo (1927) y el Golden Arrow (1929) de Henry Segrave, y los modelos Bluebird de 1932 y 1935 de Malcolm Campbell, con los que establece varios récords de velocidad. Malcolm Campbell (imagen contigua inferior) en su Bluebird de 1935.

Un circuito de arena único en el mundo

1936 - 1959

A pesar de la superación en Utah de las distintas intentonas de establecer récords de velocidad en tierra, la playa de Daytona no cesa por ello su relación idílica con el automovilismo. Desde 1936, se celebran en ella carreras de un género único en el mundo, lo que permite que Daytona mantenga su estatus. Pronto llegará la edad de oro de las carreras de stock-cars, coches de serie, sobre un circuito en óvalo mitad en la playa y mitad sobre una estrecha carretera que discurre en paralelo al océano. Desde 1937, este circuito atípico atrae también al Campeonato estadounidense de motociclismo 200 millas, que se convierte en el Daytona 200, todo un clásico. Las carreras en la playa son muy espectaculares y las siguen cientos de espectadores, que pronto serán ubicados en gradas de madera situadas en las curvas de arena donde van a parar algunos participantes, cuando no rematan la carrera en el océano.

 

A mediados de la década de 1950 se lanza un ambicioso proyecto de construcción de un circuito permanente en duro para las carreras de velocidad: el Daytona International Speedway.

El templo de
la carrera automovilística

1959 - 2013

En su inauguración en 1959, el Daytona International Speedway es el circuito más rápido de los Estados Unidos, y uno de los primeros Super Speedway (anillo de velocidad) del mundo. Su diseño nunca visto está completamente enfocado a la velocidad, con curvas con 31 grados de peralte, esto es, más de 10 metros de desnivel. Tal inclinación permite abordar las curvas a gran velocidad sin ser proyectado fuera del circuito por la fuerza centrífuga, y ofrece a los espectadores una vista completa de la carrera desde cualquier lugar de las gradas.

Tiene además un recorrido por carretera en el interior de su gigantesco anillo de velocidad para acoger carreras deportivas y de motos que combinan un trazado clásico y un óvalo de curvas elevadas único en el mundo.

De este concepto innovador nace la carrera que se convertirá en la Rolex 24 At Daytona®, una de las carreras de resistencia más prestigiosas del mundo junto con las 24 Horas de Le Mans, y que valida el estatus internacional del circuito estadounidense. La primera edición, bajo el nombre de Daytona Continental, se celebra en 1962, justo un año antes del lanzamiento del Cosmograph Daytona de Rolex. Rolex se vuelve Reloj Oficial del Daytona International Speedway. Para marcar su vínculo con el circuito americano, Rolex pronto bautizará su modelo como Cosmograph Daytona.

 

La Rolex 24 At Daytona®, conocida como «The Rolex», marca el comienzo de la temporada internacional de automovilismo. Durante dos vueltas de reloj, la carrera pone a prueba los límites últimos del hombre y de la máquina.